Conflicto entre patricios y plebeyos en la antigua Roma

noviembre 13, 2012 en Comentario de texto, Historia antigua, Historia de Roma por crisis_historia

En la primera entrada de la web, La Crisis de la Historia, ya se comentó la posibilidad de analizar y comentar textos históricos para ayudar a comprender la historia. Es el primer paso para transformar los datos en información útil para comprender la historia. En la entrada de hoy se comentará el conflicto entre patricios y plebeyos que aconteció en los inicios de la República Romana y que fue narrado por autores como Tito Livio. Un fragmento de su libro “Ab Urbe Condita“, que narraba la historia de Roma, es desarrollado aquí para posteriormente ser analizado y comentado.

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Figura 1. Tito Livio. Fuente: Wikimedia Commons

Texto :Tito Livio, Ab Urbe Condita II,23-24.

Al final de la presente entrada se ha dispuesto un anexo se encuentra el texto de Tito Livio. Se ha dispuesto de esta forma para mejorar la visibilidad de la entrada. No obstante, se recomienda leer el texto antes de continuar con los siguientes apartados, de esta forma se comprenderá mejor la información aportada.

Resumen básico del texto

El texto de Tito Livio narra el inicio del conflicto de los patricios y los plebeyos a inicios del siglo V a.C. , concretamente en el año 494 a.C, en el momento previo a la guerra contra los volscos y comentándose la rebelión de los plebeyos como consecuencia de las deudas y que trae como consecuencia la retirada de la plebe del ejército, refugiándose en el Monte Sacro (Aventino), sede de su triada religiosa (Ceres, Liber y Libera) y que trae como consecuencia la creación de medidas tomadas por el cónsul Servilio en favor de los plebeyos para así poder hacer frente a la amenaza de los volscos.

Palabras clave para entender el texto

A continuación se comentan una serie de palabras clave que nos ayudarán a entender el texto y el contexto histórico:

  • Patricios. Clase social elevada de la República Romana formada por los descendientes de los fundadores de Roma y que formaban el Senado, eran los grandes propietarios de las tierras y controlaban la gestión pública y el ejército.
  • Plebeyos. Eran el resto de ciudadanos romanos que no formaban parte del patriciado, en general inmigrantes, artesanos y comerciantes. Apenas poseían derechos, no podían poseer parcelas del ager publicus ni formaban parte de la vida política romana.
  • Volscos. Antiguo pueblo que habitaba el centro de la península itálica que protagonizaron varios conflictos contra Roma durante la monarquía y el inicio de la república y que finalmente acabaron siendo vencidos y romanizados.
  • Cónsul. Máxima magistratura romana en la que se posee el máximo poder del Estado y que se creó para sustituir a la monarquía al frente de éste. Eran elegidos dos anualmente y en el caso del texto estaban al frente Publio Servilio y Apio Claudio.
  • Senador. Miembro del Senado Romano, institución central de la república romana. En la época que narra el texto el senador únicamente podía ser un ciudadano romano de origen patricio.
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Figura 2. Mapa de Roma y vecinos en el siglo V a.C. Situación de los volscos Fuente: Wikimedia Commons

Antecendentes del conflicto entre patricios y plebeyos

Tras la caída de la monarquía romana en 509 a.C., el paso al régimen republicano no sólo afectó a las instituciones del Estado, sino que influyó en la sociedad. Los patricios tomaron posesión de las mejores y más grandes parcelas de terreno durante el proceso de privatización de la tierra, mientras que los plebeyos contaban con minúsculas propiedades o se dedicaron al artesanado, al comercio o eran asalariados de los patricios. Por otro lado, en el ámbito político, los patricios tenían el mando, acaparando los puestos en el Senado, mientras que los plebeyos aun no poseían incluso una conciencia de grupo definida que dificultaba su unión para hacer frente de modo común a sus problemas. Por ello, el patriciado se convierte en un grupo aristocrático cerrado, mientras que entre los plebeyos, surge la aparición de una élite económica plebeya enriquecida principalmente gracias al comercio y que llega dispuesta a liderar la lucha por la igualdad política, ya que esta élite plebeya quería participar también en las decisiones del Estado.

Causas del conflicto

Se pueden englobar las causas concretas del conflicto entre patricios y plebeyos en tres grupos, siendo los siguientes:

  1. En primer lugar habría una causa política, en el que la plebe quería la igualdad de derechos y, de manera especial, conseguir el acceso al desempeño de la magistratura suprema y al consulado.
  2. En segundo lugar, la plebe quería tener acceso al reparto equitativo del ager publicus (tierras que se conseguían principalmente gracias al dominio sobre poblaciones vecinas), en el que se producía un acaparamiento por parte del principado. Esta situación injusta se acrecentaba debido a que los plebeyos participaban en gran proporción en el ejército centuriado que conquistaba esas tierras sin participar después en los beneficios.
  3. En tercer y último lugar, es la progresiva situación de endeudamiento y crisis económica de la plebe que estaba ligada a actividades de tipo artesanal y comercial y que salieron perjudicadas por la revolución antimonárquica. Esta situación de endeudamiento llegó a provocar incluso la esclavitud para saldar las deudas contraídas.

En el texto de Tito Livio, se narra principalmente como causa el tercer punto en el que el endeudamiento contraído por un plebeyo y antiguo miembro del ejército, causado por la devastación de sus tierras debido a la guerra contra los sabinos y a los impuestos e intereses que tenía que pagar, provoca que pierda todos sus bienes e incluso su libertad, pasando a ser esclavo del patricio del que era deudor. En el texto de Tito Livio, se narra que este hecho provoca la indignación de la plebe y que es el detonante del estallido de la plebe para reclamar sus derechos a la oligarquía patricia dominante entonces de la escena política romana.

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Figura 3. Imagen de patricio romano. Fuente: Wikimedia Commons

Etapas del conflicto y logros obtenidos por los plebeyos durante el siglo V a.C.

Se pueden considerar las siguientes etapas del conflicto patricio-plebeyo durante el siglo V a.C.:

  • La secesión plebeya. 494 a.C. En este momento la plebe se retira al Monte Sacro (Aventino) para protestar contra las continuas reducciones a la esclavitud como consecuencia de las deudas contraídas por ellos para cumplir con los impuestos que les imponía el estado. Finalmente, debido también al inminente ataque de los volscos, los patricios aceptan conceder algunos derechos a los plebeyos, destacando los siguientes: la creación del tribunado de la plebe, poco después ediles plebeyos; y la prohibición de tomar o vender los bienes de un soldado mientras estuviese en campaña.
  • Codificación del derecho: los decemviros y las XII Tablas. Durante esta etapa destacamos las siguientes cronologías:
  • 471 a.C. En esta fecha se da carta de naturaleza al Concilium plebis (tribuno de la plebe), cuyos plebiscitos de momento sólo obligan a los plebeyos.
  • 462-451 a.C. La presión de los plebeyos aumenta. Los plebeyos reclaman una codificación de la legislación.
  • 451 a.C. Los patricios ceden a las presiones de la plebe y se crea la comisión de los decemviros, con la misión de hacer una primera codificación del derecho. El resultado son las Leyes de las XII Tablas que recogieron el derecho romano tradicional de forma escrita.
  • Nuevas conquistas de los plebeyos. Durante esta etapa que transcurre en la segunda mitad del siglo V a.C., la plebe consigue que se aprueben leyes que den solución a los antiguos derechos reclamados. Entre estas nuevas leyes destaca la lex Canuleya, en el año 444 a.C., en el que se permiten los matrimonios mixtos entre patricios y plebeyos (anteriormente prohibidos), y la ley que permite a partir del año 421 a.C. acceder a los plebeyos a la cuestura. No obstante, los patricios intentaron contrarrestar el creciente poder de los plebeyos creando la censura en el año 443 a.C., que sería ejercida exclusivamente por el patriciado.
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Figura 4. Reproducción de las Leyes de las XII Tablas. Museo della civiltà romana. Fuente: Museo della civiltà romana

Evolución del conflicto en el siglo IV a.C. y su final

Tras un adormecimiento del conflicto entre patricios y plebeyos causado por una serie de guerras exteriores, en el transcurso del siglo IV a.C., el movimiento plebeyos logró rehacerse gracias a los tribunos de la plebe Cayo Licino y Lucio Sextio, que lograron que se aprobaran las 3 leyes Licino-Sextias en el año 367 a.C. por las que quedó abolida la esclavitud por las deudas, los plebeyos accedieron al consulado (a partir de entonces uno de los dos cónsules debía ser plebeyo) y se distribuyó el ager publicus de modo más equitativo, limitando la extensión por ciudadano a 500 yugadas (125 hectáreas).

Posteriormente, en el año 300 a.C., la lex Ogulnia permite el acceso de los plebeyos a los cargos religiosos, pero lo que dará fin al conflicto que duró aproximadamente dos siglos fue la lex Hortensia, promulgada en eñ año 287 a.C., que estableció que los plebiscitos emanados de la asamblea de la plebe eran de obligatorio cumplimiento para todos los ciudadanos (patricios y plebeyos). Con esta ley se considera finalizado el proceso de luchas entre patricios y plebeyos.

Conclusión. Nuevas perspectivas de enfrentamiento político en Roma durante los siglos siguientes

Sin entrar en detalles, en los siglos posteriores al fin del conflicto entre patricios y plebeyos, los enfrentamientos políticos ya no serán causados por la diferencia social debido a una cuestión de origen y cuna. Los nuevos enfrentamientos vendrán causados por la aristocracia conservadora y por los populares, reformistas que se apoyaban en la Asamblea del Pueblo, que buscaban realizar reformas de las leyes que favorecieran un reparto más equitativo de las tierras entre el pueblo debido a la acumulación de riqueza en una oligarquía dirigente. Estos enfrentamientos entre dos facciones romanas opuestas desembocarán a lo largo del siglo I a.C. en diversas guerras civiles y en el fin de la república.

Bibliografía básica

Varios Autores. Historia Antigua Universal III. Historia de Roma. UNED. 2012

Pastor, Bárbara. Breve Historia de Roma I. Monarquía y República. Ediciones Nowtilus. 2011

Barceló, Pedro. Breve historia de Grecia y Roma. Alianza. 2004

Varios Autores. El dualismo patricio-plebeyo. Ediciones Akal. 1990

Livio, Tito. Los origenes de roma. Biblioteca Basica (gredos). 2011

Enlaces para ampliar información

Leyes de las XII Tablas

The Roman Law Library

Texto de Tito Livio on-line

Anexo: Texto de Tito Livio

El problema de las deudas y la reacción de la plebe

“Pero la guerra con los volscos era inminente y, por otra parte, la ciudad, enfrentada consigo misma, estaba encendida por el odio intestino entre senadores y plebeyos, debido sobre todo al esclavizamiento por las deudas. Protestaban con indignación de luchar en el exterior por la libertad y el imperio, y estar en el interior convertidos en esclavos y oprimidos por sus conciudadanos; de que la libertad de la plebe estaba más a salvo en la guerra que en la paz, entre enemigos que entre compatriotas. Aquella animosidad, que por si sola iba tomando cuerpo, se vio avivada por la desgracia hiriente de un individuo. Un hombre de edad avanzada se precipitó en el foro llevando sobre si las señales de todos sus sufrimientos: sus ropas estaban cubiertas de mugre, y más desagradable aun era el aspecto de su cuerpo consumido, libido y macilento; por si esto fuera poco, lo largo de su barba y cabellos había dado a su rostro una expresión salvaje. Desfigurado como estaba, se le reconocía, sin embargo, y se decía que había mandado una centuria y se enumeraban otros brillantes hechos de armas, compadeciéndolo todo el mundo; el mismo mostraba las cicatrices recibidas dando cara al enemigo, como testimonio de haber peleado honrosamente en más de una ocasión. Al preguntarle por que tenía aquel aspecto, por que estaba tan desfigurado, como lo rodeaba una multitud a manera casi de una asamblea del pueblo, dijo que, mientras el estaba en el frente en la guerra contra los sabinos, sus tierras habían sido devastadas y no só10 se había quedado sin cosecha, sino que su granja había sido incendiada, sus bienes todos saqueados, su ganado robado; en esa racha tan desafortunada para él, se le habían reclamado los impuestos y había contraído una deuda; esta, incrementada por los intereses, le había hecho quedarse, primero, sin la tierra de su padre y de su abuelo, después sin los demás bienes y, finalmente, como si fuera una enfermedad contagiosa, había alcanzado su cuerpo, y su acreedor lo había arrojado no a la esclavitud, sino a una mazmorra y a una cámara de tortura. Acto seguido, mostraba la espalda hecha una lastima por las huellas recientes de los azotes. Al verlo y escucharlo se eleva un enorme griterío. La agitación no se circunscribe al foro, sino que se extiende en todas direcciones por la ciudad entera. Los deudores, cubiertos o no de cadenas, se lanzan a la calle por todas partes pidiendo protección a los ciudadanos. No hay rincón donde no se encuentre un voluntario para unirse a la revuelta. Por todas partes numerosos grupos vociferantes corren por todas las calles en dirección al foro. Los senadores que incidentalmente se encontraban en el foro corrieron un grave peligro al caer en medio de aquella multitud y, sin duda, hubieran sido objeto de agresión fisica, de no ser por la pronta intervención de los cónsules Publio Servilio y Apio Claudio en orden a reprimir la revuelta. La multitud, vuelta hacia ellos, exhibía sus cadenas y todas sus miserias: decían que esto era lo que habían ganado, renegando de las campañas militares en que habían tomado parte, unos, en un sitio y, otros, en otro; pedían, en tono mas de amenaza que de ruego, que convocasen al senado. Rodean la curia con la intención de ser ellos los árbitros, los moderadores de las deliberaciones públicas. Los cónsules reunieron a los senadores que pudieron encontrar, un numero muy reducido; a los demás, el miedo los mantenía alejados no ya de la curia, sino incluso del foro, y no podía hacer nada el senado por falta de asistencia. Entonces, la muchedumbre empezó a pensar que se burlaban de ella, que estaban ganando tiempo y que la ausencia de senadores no era casual, no se debía al miedo, sino que estaban ausentes para bloquear el asunto, y que los propios cónsules andaban con subterfugios, y que, sin lugar a dudas, sus desgracias eran tomadas a broma. Se estaba ya a un paso de que ni siquiera la majestad consular pudiese contener la irritación del pueblo, cuando, al fin, los que dudaban si corrían mayor peligro esperando o acudiendo, se presentan en el senado. La curia contaba, al fin, con asistencia suficiente, pero ni siquiera los propios cónsules, no ya los senadores, eran capaces de ponerse de acuerdo. Apio, hombre de natural vehemente, opinaba que había que tratar el problema haciendo uso de la autoridad consular: deteniendo a uno o dos, los demás se estarían quietos; Servilio, mas dado a soluciones moderadas, estimaba que era mas seguro y mas fácil doblegar la revuelta que quebrarla. Entretanto surge otro motivo de alarma mas serio: unos jinetes latinos llegan al galope con una noticia que siembra la confusión: los volscos, con un ejército en son de guerra, se acercan para atacar Roma. Esta noticia -hasta ese extremo la discordia había dividido en dos a la población- afectó de manera bien distinta a los senadores y a la plebe. La plebe saltaba de gozo: decía que eran los dioses que acudían a vengar el orgullo de los patricios; se animaban unos a otros a no alistarse: mejor morir con todos que ellos solos; que los patricios hiciesen el servicio militar, que los patricios empuñasen las armas, para que los peligros de la guerra correspondiesen a quienes sacaban provecho de ella. Pero el senado, bien al contrario, abatido y asustado por el temor que le inspiraban, por una parte, los ciudadanos y, por otra, el enemigo, rogaba al cónsul Servilio, cuya manera de ser caía mejor al pueblo, que sacase adelante a la patria cercada por tan graves amenazas. Entonces el cónsul levanta la sesión y se presenta a la asamblea del pueblo. Ante ella expone que el senado esta preocupado porque se atienda a la plebe, pero que las deliberaciones sobre aquel sector, el mas considerable sin duda, pero al cabo un sector tan sólo de la ciudadanía, han sido interrumpidas por el peligro que corre la nación entera; que ni es posible, cuando el enemigo esta casi a las puertas, dar prioridad a nada que no sea la guerra,.ni, en caso de verse aliviada su condición, seria honroso para la plebe no empuñar las armas para defender a la patria a no ser que antes recibiese la recompensa, ni seria muy digno por parte del senado aliviar la penosa condición de sus conciudadanos por temor, antes que por buena voluntad un poco más adelante. Para dar credibilidad a su discurso, publicó un edicto que prohibía tener encadenado o en prisión a un ciudadano romano de forma que no se le diese posibilidad de. alistarse ante los cónsules, y prohibía tomar o vender los bienes de un soldado mientras estuviese en campaña, así coma retener a sus hijos o a sus nietos. Publicado este edicto, los deudores que estaban presentes se alistan inmediatamente y, desde todos los puntos de la ciudad, se escapan de las casas, al no tener ya el acreedor derecho a retenerlos, y se apelotonan en el foro para prestar el juramento militar. Formaron un contingente considerable que se significó más que nadie durante la guerra con los volscos por su valentía y sus acciones. El cónsul pone en marcha las tropas en dirección al enemigo y acampa a poca distancia del mismo. “

(Tito Livio, Ab Urbe Condita II,23-24)

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