El desmembramiento del imperio otomano

El imperio otomano nació durante la Edad Media, alcanzando su mayor conquista en 1453 cuando obtuvieron la ciudad de Constantinopla bajo el mando de Mehmet II, acabando con el imperio bizantino. La expansión otomana continuó rápidamente tras la caída de Constantinopla. Alcanzó su punto culminante con Solimán I (1520 – 1566). Los turcos controlaban Asia Menor, la península Arábiga, Egipto y el Norte de África y el sudeste de Europa, llegando incluso a asediar Viena. Fue una gran potencia en la edad moderna, pero a partir de los siglos XVII y XVIII, el imperio otomano vio frenada su expansión, ganando poder en el centro de Europa el Imperio Austriaco, que con la Paz de Karlowitz de 1699 se anexionó el Reino de Hungría. A lo largo del siglo XVIII, el imperio otomano continuó con diversos problemas, tanto internos, como externos a causa de las tensiones con Austria, Rusia y Persia.

A principios del siglo XIX, el imperio otomano era “el enfermo de Europa”, como lo definió posteriormente el zar ruso Nicolás I. Sus posesiones territoriales eran las que se observan en el mapa, pero dentro de estos territorios empezaron a surgir tensiones causadas principalmente por el ascenso del sentimiento nacionalista. Durante la primera mitad del siglo XIX, el nacionalismo fue una fuerza creadora y emancipadora. Todavía bajo la influencia de ideas ilustradas, el nacionalismo configuró la política territorial europea durante el siglo XIX. La llamada emocional del nacionalismo era más fuerte que cualquier fuerza política conocida hasta entonces. La lealtad ya no se aplicaba al rey o al señor, sino a la nación. El nacionalismo defendía los derechos de los hombres y la igualdad de éstos: la nación sería defendida no por una clase de guerreros, sino por los ciudadanos de la nación.

Mapa del imperio otomano en el siglo XIX

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Figura 1. Imperio Otomano en el siglo XIX. Fuente: Lario, Ángeles (coord). Historia Contemporánea Universal. Del surgimiento del Estado contemporáneo a la Primera Guerra Mundial. 1ª ed. Madrid. Alianza Editorial; 2010

El mapa de la imagen es de naturaleza política y refleja la situación política del imperio otomano a inicios el siglo XIX. En él se aprecia gráficamente la geografía del Sur de Europa, de la zona de Próximo Oriente y del Norte de África, reflejando mediante un color la expansión territorial del imperio otomano a inicios de la edad contemporánea, en una situación concreta en el tiempo, sin especificar claramente el año.

En el mapa se indica en naranja las posesiones territoriales del imperio otomano, abarcando grosso modo la península de Anatolia; la zona Sureste de Europa, incluyendo los Balcanes y las actuales Grecia, Rumania y Bulgaria; la costa Norte del Mar Negro incluyendo la península de Crimea; la zona Oeste del Cáucaso englobando Georgia y Armenia; el norte de África desde Libia hasta Egipto; y una zona de Próximo Oriente que engloba la actual Iraq, Siria, Israel, Jordania y la costa arábiga en el Mar Rojo hasta La Meca. En letras mayúsculas se observa los principales territorios tanto dentro como fuera del Imperio Otomano. Dentro del Imperio destacan Egipto, Libia, Serbia, Bosnia o Transilvania y fuera de él ya vemos a los principales estados europeos del siglo XIX (España, Alemania, Francia, Italia, Austria) y a otros estados importantes por estar colindantes a los turcos, como Irán o Túnez. Finalmente, se muestran principales ciudades tanto dentro como fuera de los territorios del Imperio, como El Cairo, La Meca, Atenas, Budapest o Roma.

En resumen, el mapa de la imagen muestra la expansión territorial del imperio otomano a inicios de la Edad Contemporánea, dando a entender que territorialmente todavía era una de las grandes potencias a inicios de siglo, englobando zonas de Europa, Asia o África.

El desmembramiento del imperio otomano durante el siglo XIX

En el mapa observamos diferentes territorios en los que se produjeron movimientos nacionalistas durante el siglo XIX y que produjeron una desmembración del imperio, sobretodo en la zona europea (Serbia, Grecia, Transilvania, Moldavia, Drobudja). A inicios de siglo destacaron los movimientos nacionalistas en Serbia y Grecia. Entre los años 1804 y los años 1813 se produjo la primera insurrección de Serbia, que fue suprimida por los otomanos, aunque en el año 1815 volvió a estallar la insurrección serbia, consiguiendo esta vez éxito. Como consecuencia de ello, Serbia se convirtió en un país independiente de facto, consiguiendo la independencia de iure en el Tratado de Berlín de 1878. Por otro lado, Grecia se levantó contra el dominio turco en 1821, como influencia del creciente nacionalismo y de la burguesía griega, animados por la influencia del patriarca griego de Constantinopla. Empezaba la Guerra de Independencia de Grecia. En 1822, la Asamblea nacional de Grecia proclamó la independencia y estableció una Constitución, aunque el imperio otomano derrotó a los griegos. Finalmente, éstos, con ayuda de la intervención europea (Francia, Gran Bretaña y Rusia), consiguieron que en 1829 se firmara el Tratado de Adrianápolis por el que se reconocía la autonomía de Grecia, así como la de Serbia y los principados rumanos de Valaquia y Moldavia. Finalmente, Grecia obtuvo la independencia en el año 1830.

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Figura 2. Batalla de Navarino por Garneray, que supuso la derrota de la armada turca y un paso definitivo en la independencia de Grecia. 1827. Fuente: Wikimedia Commons

Si ya en 1830, el Imperio otomano había perdido Grecia, en los decenios siguientes el imperio territorial se fue desgajando lentamente. Los territorios balcánicos, con una Serbia que había obtenido ya la autonomía y con otros pueblos como rumanos, montenegrinos o búlgaros, comenzaron a exigir el derecho a una existencia independiente y fueron constituyendo las nuevas nacionalidades balcánicas. A causa de esta creciente debilidad otomana, el Imperio Austriaco y el Imperio Ruso veían en ese “hombre enfermo de Europa” la vía inmediata a la expansión territorial. Con ello pretendían dominar el Mediterráneo oriental, sobre todo tras la apertura del Canal de Suez. Como contrapartida, aumentaron los intereses británicos y franceses, que veían con temor la desaparición del Imperio Otomano y el aumento de poder ruso o austriaco. A todos estos movimientos nacionalistas y deseos de expansión de los estados europeos, se añadía las debilidades internas del propio Imperio Otomano. Tenía una administración corrupta, un ejército débil y una teocracia que le impedía modernizarse.

Fruto de la situación anterior, se produjo a mediados de siglo una guerra ruso-turca, auspiciada por el zar Nicolás I, que quería erigirse en defensor de todos los cristianos del Imperio. En julio de 1853, los rusos ocuparon principados turcos, venciendo posteriormente a los turcos en la batalla de Sinope, cuando la flota turca fue derrotada por la rusa en aguas del Mar Negro, lo que era significativo porque los rusos se podían hacer con el control del mar. Como se observa en el mapa, la salida marítima de Rusia hacia el Mediterráneo pasaba por el Mar Negro y de ahí al estrecho de Dardanelos, lo que potenciaba el interés del dominio ruso en la zona. Como consecuencia de estas victorias rusas, estalló la Guerra de Crimea (1853 – 1856), en la que franceses y británicos se enfrentaron a los rusos en la península de Crimea, situada al Norte del Mar Negro, como se observa en el mapa, y que durante varios siglos pertenecía a los otomanos hasta que pasó a poder ruso. La Paz de París de 1856 supuso el fin de la guerra, con Francia e Inglaterra asegurando su posición en el Mar Negro y un Danubio libre de rusos, que beneficiaría posteriormente al Imperio Austriaco y a los movimientos nacionalistas. Por otro lado, el Imperio Otomano seguía sobreviviendo, aunque sus territorios de Moldavia y Valaquia (la futura Rumanía) consiguieron un gobierno autónomo y minaron sus poderes en el Mar Negro, ya que se permitió la libre navegación por las bocas del Danubio y la neutralidad del Mar Negro. Como se podía ver, el Imperio Otomano veía como el resto de potencias decidían sobre sus territorios sin que ellos tuvieran fuerza para oponerse a los acuerdos realizados.

A partir de ese momento y hasta el año 1914, el Imperio Otomano se fue disolviendo poco a poco al perder de forma progresiva distintos territorios. En Europa, los movimientos de liberalización nacionalista fueron la causa para la emancipación de los países de la zona balcánica. En 1875, con un gobierno declarado en bancarrota, estalló la insurrección de Bosnia y Herzegovina, Bulgaria, Serbia y Montenegro, en medio de una crisis que acabó con otra guerra ruso-turca entre 1877 y 1878. En 1878 se firma el Tratado de San Stéfano, por el que Rusia ocupa buena parte de los Balcanes y se consigue la independencia de la Gran Bulgaria. Posteriormente, ese mismo año, en el Congreso de Berlín, los Balcanes obtenidos por Rusia son devueltos a Turquía, manteniéndose la independencia de Bulgaria y consiguiendo la independencia de Serbia, como se ha comentado anteriormente. Asimismo, Chipre pasaba a manos británicas, Francia ocupaba la Tunicia e Italia la Tripolitania (Libia). Bosnia y Herzegovina pasaban al Imperio Austriaco y Turquía obtenía los territorios de Armenia. A la par, Turquía veía como aumentaba la autonomía de territorios en Asia Menor y el Norte de África. En 1882, Turquía pierde virtualmente Egipto, convirtiéndose éste en Protectorado Británico.

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Retrato de Abdul Hamid II, sultán del Imperio Otomano desde 1876 hasta 1909. Depuesto por los “Jóvenes Turcos”. Fuente: Wikimedia Commons

El Imperio Otomano estaba herido de muerte y de los territorios que presentaba a inicios del siglo XIX, mantenía ya unos pocos. Aun así, en 1895 Turquía luchó contra los griegos por la isla de Creta. A pesar de la victoria turca, la isla pasó a manos griegas. Tras este hecho, desapareció todo signo de magnificencia en la corte otomana. El sultán y sus funcionarios abandonaron sus ricos ropajes y adoptaron la sencilla vestimenta occidental. Pero las finanzas turcas no se recuperaron, así como tampoco el estatus imperial. El creciente malestar provocó el aumento de la oposición interna, iniciada en 1905 por los “Jóvenes Turcos” desde Damasco. Estos consiguieron terminar con el sultán Abdul Hamid II en abril de 1909. Finalmente, los conflictos balcánicos durante los años 1912 y 1913 provocarán la pérdida de los últimos territorios turcos que quedaban en los Balcanes y una reorganización de los estados balcánicos. En 1913, en un momento previo a la Primera Guerra Mundial y cien años después del mapa observado, los territorios de Turquía englobaban la Península de Anatolia, Armenia, Kurdistán, Iraq, Siria, Líbano, Palestina, la costa de Arabia del Mar Rojo y la zona europea de Rumelia. Comparando con el mapa, se observa que las perdidas territoriales englobaron sobretodo la zona de Europa y el Norte de África, aunque el significado general es la decadencia del Imperio Otomano que acabará definitivamente tras la derrota en la Primera Guerra Mundial.

El problema de otros imperios durante el siglo XIX

La decadencia otomana no se entiende sin explicar brevemente otros hechos coetáneos que tienen relación. En Europa, el otro gran Imperio (el austrohúngaro) tenía problemas parecidos a los turcos, aunque de no tanta gravedad. Dentro del Imperio Austriaco existían movimientos nacionalistas, como los de Bohemia, Croacia o Hungría, que fueron tratados de distinta manera. Aunque el Imperio Austriaco se aprovechó de la pérdida de territorios turcos, los mismos movimientos nacionalistas que habían padecido los turcos acabaran provocando la caída de los austriacos. De forma paralela, durante el siglo XIX hubo un progresivo cambio en las potencias dominantes. Los imperios que habían dominado la Edad Moderna como el otomano y el austriaco, mostraban signos de debilidad. Otros estados iban aumentando su poder, como Prusia o Rusia, y se iban conformando imperios coloniales de los que surgían nuevas potencias, como Japón o EEUU, que serán dominantes durante el siglo XIX. El imperio otomano se había quedado atrás, al igual que le sucedió a otros estados latinos como España y Portugal.

La herencia actual del imperio otomano

En la actualidad, la mayoría de territorios que se observa en el mapa ya no pertenecen al Imperio Otomano. La actual Turquía, heredera de ese Imperio, tiene solamente los territorios de la Península de Anatolia y la zona europea de Rumelia. Aunque Turquía ya no es la gran potencia que fue durante la Edad Moderna, en la época contemporánea supo reorganizarse tras su decadencia y formar un estado moderno y con cierta relevancia internacional. Por otro lado, de los movimientos nacionalistas surgidos dentro del Imperio Otomano surgieron nuevos países que perviven en la actualidad (Grecia, Bulgaria, Rumanía,…). También existen otros territorios con pasado otomano que han tenido varios conflictos a causa de los conflictos nacionalistas que no pudieron resolverse ni durante el siglo XIX ni durante el siglo XX. Estos territorios son sobre todo los estados que formaban la antigua Yugoslavia y que protagonizaron una cruenta guerra a finales del siglo XX y cuya problemática nacionalista nace en los acontecimientos narrados anteriormente en este comentario.

Conclusión

En definitiva, el mapa mostrado ha servido de importancia para conocer parte de los conflictos sucedidos en el siglo XIX. La decadencia del Imperio Otomano, el aumento de los nacionalismos en Europa y el incremento del poder de nuevas potencias provoca una reconfiguración en el mapa territorial del Este de Europa que predominaba desde los inicios de la Edad Moderna. Como consecuencia, surgieron nuevos países y nuevas potencias, que influirán en el transcurso de la historia del siglo XX.

Bibliografía empleada

Lario, Ángeles (coord). Historia Contemporánea Universal. Del surgimiento del Estado contemporáneo a la Primera Guerra Mundial. 1ª ed. Madrid. Alianza Editorial; 2010

Varios autores. Historia del Hombre. Selecciones del Reader’s Digest. México 1ª ed.. Selecciones del Reader’s Digest, S.A.; 1974

Wikipedia. Imperio otomano. Wikipedia.es; 2003; [actualizada el 2 de enero de 2012; consulta el 2 de enero de 2012]. Disponible en: http://es.wikipedia.org/wiki/Imperio_otomano

Para ampliar información

Stone, Norman. Breve historia de Turquía. Ariel.2012

Campanini, Massimo. Historia de Oriente Medio: de 1798 a nuestros días. Antonio Machado. 2011

 
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