El estudio de fuentes historiográficas romanas

Tradicionalmente las fuentes literarias de Roma han sido la base para el estudio de la historia de Roma, por lo que a partir de ellas se ha reconstruido su historia. Incluso no pocos historiadores contemporáneos daban por verdaderas las narraciones de las fuentes literarias antiguas sin analizar primero la vida del autor ni su motivación a la hora de escribir la obra. Un hecho que ya no se da tanto hoy en día, ya que muchos historiadores analizan y estudian la vida de los escritores de la antigüedad, sus ideas y las motivaciones para escribir sus obras.

Las fuentes historiográficas romanas. Motivaciones

El capítulo “Las fuentes literarias y su contexto historiográfico” del libro de Sánchez Moreno, E. (coord.) Historia de España. Protohistoria y Antigüedad de la Península Ibérica. Vol. I. Las fuentes y la Iberia colonial. ofrece una gran visión de la problemática sobre las fuentes antiguas para el conocimiento de la historia. Para los autores del libro , la mayoría de la literaria de la época de conquista de Hispania tiende a ser tendenciosa y patriotera. Todo por la glorificación y exaltación de las virtudes de Roma y la civilización frente a la barbarie. Esta era la principal motivación de los historiadores con cercanía en el tiempo a la conquista. Aunque suelen haber algunas excepciones, como la del griego Polibio, que vivió de primera mano muchos hechos acaecidos en Hispania y que le llevó a ser fuente primaria. Y su condición de griego, menos simpatizante con el imperialismo romano, le llevó a ofrecer una menor visión chauvinista de los acontecimientos. Este es un punto en el que los autores ponen énfasis ya que proporciona un claro ejemplo de cómo el historiador debería investigar al autor antes de la obra para así poder tener una visión más crítica de la obra. Un punto en el que coincido plenamente.

Polibio es una referencia en las fuentes historiográficas romanas para el autor. Recuerda el protocolo de Polibio en el que el historiador debía primero recabar información de las fuentes escritas, después visitar las ciudades y los países para conocer la geografía y, finalmente, conocer la actividad política de la época. Si bien los autores coinciden con este protocolo, hay que resaltar la dificultad que entraña todo este protocolo. En la antigüedad, y hoy en día también, es difícil seguir idealmente estos tres puntos, siendo la mayor dificultad la posibilidad o capacidad de desplazamiento a los lugares donde se produce la historia para conocer la geografía, el terreno, los pueblos, las costumbres,… Si hoy en día es difícil, en la antigüedad lo era aún más, sobre todo por imperativos económicos. Estas dificultades condicionarán la calidad del trabajo del historiador de la antigüedad, que en muchas ocasiones deberán recurrir a fuentes historiográficas anteriores a ellos.

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Figura 1. Tito Livio. Historiador Romano. fuente: Wikimedia Commons

¿Fuentes primarias o secundarias?

Este es otro punto importante en las reflexiones de Sánchez Moreno y Gómez Pantoja: la dificultad de conocer si las fuentes historiográficas romanas son primarias o secundarias. Paras las fuentes literarias antiguas es más difícil conocer si son primarias o secundarias conforme se está más lejos en el tiempo. Así, algunos textos históricos de la antigüedad romana son copias o transcripciones de otros textos anteriores. Es de suponer que muchos de los historiadores antiguos basaran sus escritos sobre otros textos anteriores. En aquella época la transmisión oral y escrita era la mayor tradición para conocer la historia de sus antepasados, ya que no existían otras disciplinas más contemporáneas como la arqueología. El autor de este capítulo analizará después de forma bastante afortunada algunos historiadores tardíos, que escribieron sobre hechos ocurridos siglos antes. Aquí existen dos problemas a la hora de interpretar, analizar y dar por validez los textos. Uno son las fuentes primarias en las que se basan, ya que casi siempre es difícil conocer sobre qué texto se basa el escritor romano. El segundo problema es, y volvemos otra vez a comentarios anteriores, los propósitos del escritor de la antigüedad. Además del ya mencionado chauvinismo romano, se añaden otras motivaciones como volver a hechos del pasado para justificar hechos coetáneos al historiador antiguo. Dentro del pensamiento de un tiempo cíclico, se creía que en el pasado estaban las respuestas del presente y se condicionaba la escritura de historias antiguas al tiempo presente del autor. Los historiadores de la antigüedad que han vivido de forma directa los hechos narrados en sus libros son escasos. Los autores de este capítulo destacan de nuevo la importancia de Polibio.

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Figura 2: Batalla de Zama. Narrada por historiadores romanos como Tito Livio o Polibio. Fuente: Wikimedia Commons

La superviviencia de las fuentes literarias antiguas

Pero la conclusión más interesante, que no menos importante, que se puede extraer de “Las fuentes literarias y su contexto historiográfico” es la escasez de fuentes literarias de la antigua Roma que nos han llegado a la actualidad. Los autores del capítulo estiman que solamente se conservan actualmente el 10 % de los documentos literarios de la antigüedad. No deja de ser un dato sorprendente, aunque no por eso menos esperado. El paso del tiempo, los materiales perecederos de los libros, las guerras, las catástrofes, las inclemencias meteorológicas,… han hecho mella en la documentación que se conserva hoy en día. El Renacimiento fue tal porque se rescataron obras “perdidas” de la antigüedad clásica y se divulgaron gracias a la imprenta.

El conocimiento y la información son sumamente importantes para el desarrollo de la sociedad y la humanidad. Cuanta más documentación e información se dispone más se puede interpretar los hechos, analizar causas y consecuencias, conocer el qué, como y por qué. Si actualmente ya es importante, véase los diferentes puntos de vista que se puede tener incluso de un hecho actual, nos podemos imaginar como sería de importante conocer diferentes puntos de vista de un hecho de la antigüedad. Esto quizás hubiera sido posible si nos hubiesen llegado más documentos literarios de la antigüedad, pero lamentablemente nos tendremos que conformar con las fuentes literarias que nos han llegado, salvo alguna sorpresa que nos pueda dejar la arqueología algún día. Un dato especialmente relevante es la mención de más de 28 archivos y bibliotecas existentes durante el apogeo de la ciudad de Roma. Me imagino la cantidad de documentación, libros o textos que habría allí y no se puede evitar un estremecimiento al pensar que la mayoría de esas obras que se guardaban se han perdido. Cuan de importante hubiera sido para el estudio de la antigüedad que esos textos no hubieran desaparecido con el paso del tiempo.

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Figura 3: Incendio de la Biblioteca de Alejandría. Hermann Göll. 1876. Fuente: Wikimedia Commons

La reflexión que hacen Sánchez Moreno y Gómez Pantoja sobre la pervivencia de las fuentes literarias es importante, ya que será oficio del historiador pensar también en por qué han sobrevivido esas fuentes y no otras. Los autores de este capítulo intentan explicar el por qué de eso. Ya me he referido anteriormente a que el tiempo, las guerras,… fueron factores para ello. Pero el autor del capítulo menciona conceptos como la casualidad, el azar o la valía literaria. Presupone que cuanta más valía literaria habría un mayor número de escritos y por tanto, mayores probabilidades para sobrevivir. Y no menos es importante es el azar o la casualidad. Habrá textos que podemos leer hoy en día simplemente por una concatenación de hechos al azar.

Mi conclusión

Así, encadenando todas estas reflexiones anteriores, se extrae la idea más importante de lo que pretende dar a conocer el autor del capítulo: el historiador debe analizar y valorar tanto los escritos como los informadores. Hay que ver su subjetividad, los motivos de por qué escribieron sus escritos. Al contrario de lo que pensaba el humanismo y del positivismo, las fuentes literarias no son en sí mismas la verdad histórica. Las fuentes no dejan de tener una visión subjetiva, que los historiadores deberían conocer. En el caso de la Roma clásica, su estudio requiere no solamente el conocimiento de los hechos y de los textos antiguos, sino también a sus escritores, los autores de los textos que han sido la fuente principal para el conocimiento de Roma. El autor intenta que estas reflexiones calen el autor, creo que de forma acertada. Hace poco hemos visto un ejemplo en la realización de un falso documental que muchos se creyeron. En el caso del estudio de las fuentes historiográficas romanas pasa lo mismo: hay que contrastar en la medida de lo posible debido a nuestras limitaciones, analizar las fuentes, intentar conocer al autor y sus motivaciones, y sobre todo: pensar.

Bibliografía empleada

Varios Autores. Historia de España: Protohistoria y Antiguedad de la Península Ibérica.: Las fuentes y la Iberia Colonial: volumen 1  2007. Sílex Ediciones.

Licencia Creative Commons

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