Innovaciones de la arquitectura gótica

Durante la Baja Edad Media, la catedral fue el edificio simbólico de la arquitectura gótica, destacando sobre el resto de los edificios, reflejo de una nueva concepción del arte y en la que se pretendía acercar a los fieles a los valores religiosos y simbólicos. Como edificio, la catedral se interpreta también como una arquitectura destinada a transmitir una imagen del poder, bien sea monárquico, obispal o ciudadano, frente a las dos formas arquitectónicas propias de la Alta Edad Media y del poder feudal: el castillo y el monasterio.

Las innovaciones técnicas y formales de la arquitectura gótica

Esta nueva concepción del arte y del símbolo de poder trajo consigo una nueva arquitectura, en la que se precisó de la ejecución de nuevas técnicas constructivas como el arco apuntado (también llamado ojival), la bóveda de crucería o el arbotante. La utilización de estos elementos en la arquitectura gótica, y mayoritariamente en las catedrales, permitió levantar estructuras esbeltas y ligeras que trabajan a tracción y no a compresión (como ocurría en los edificios románicos precedentes), las cuales transforman el espacio interior acentuado por la nueva ordenación de los apoyos. El aligeramiento de la estructura se hace visible gracias a la realización de vidrieras que dotan de color y luminosidad al interior del edificio.

Como resultado tenemos un estilo gótico, resultado de un proceso constructivo con el objetivo de crear un espacio con una carga elevada de valor simbólico. Los elementos constructivos y la forma de utilizarlos logran una nueva sensación diferente al estilo románico de siglos anteriores. En los apartados siguientes se comentarán las innovaciones técnicas y formales que aparecerán en la arquitectura gótica.

El aligeramiento de la estructura. La bóveda de crucería y arco apuntado

Las bóvedas góticas ya no trabajan a compresión, como las románicas, apoyándose en los muros, sino por la concentración de los esfuerzos de las cubiertas en puntos concretos. Se sustituye el principio de “estabilidad inerte” por el de “equilibrio de fuerzas”, es decir, las fuerzas de tracción reemplazan a las fuerzas de compresión y el equilibrio se obtiene por medio de cargas que convierten las diversas fuerzas oblicuas en verticales. Esta solución estructural se consigue gracias a la bóveda de crucería, también llamada nerval u ojival.

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Figura 1. Interior de la Catedral de León. Se puede observar la luminosidad y el color de las vidrieras en el interior de la catedral. Fuente: Wikimedia Commons

La bóveda de crucería está conformada por dos arcos apuntados cruzados, las ojivas, resultando más ligera que cualquier otro tipo de bóveda construida hasta la fecha. Los encuentros serán los nervios estructurales, donde se apoyan los plementos de las bóvedas, con función de cerramiento y no estructural. Estos nervios convergerán en los puntos de apoyo (pilares o grupos de pilares), que, gracias a la ligereza de la estructura, tienen gran esbeltez. Los soportes se constituirán por un núcleo central cilíndrico rodeado de columnillas, que se corresponden con los arcos y nervios de las bóvedas, cada uno con el suyo, según el principio de la arquitectura románica de que a cada pieza sostenida le debe corresponder su soporte.

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Figura 2. Bóveda de crucería catedral de Coutances. Fuente: Wikimedia Commons

En la arquitectura gótica se generaliza la utilización del arco apuntado, con forma de punta de flecha y que sustituyó al arco de medio punto. Este arco apuntado resultaba ser más esbelto y ligero que el de medio punto ya que gracias a su verticalidad traslada menos empujes laterales, lo que permite formas más flexibles y salvar mayores luces.

El resultado de todo esto es una estructura diáfana creada a base de elementos verticales que permite que los antiguos muros de carga pasen a ser solamente cerramientos del espacio interior por lo que pueden ser horadados con grandes ventanales, elementos característicos del gótico y que llenan de luz y de color el interior de la catedral. Estos ventanales evolucionarán hasta conformar los amplios huecos góticos cubiertos de hermosas tracerías o de los grandes rosetones colocados en lo alto de las fachadas.

Asimismo, esta cubierta ligera permitirá que la altura de la nave sea superior y que se aumente la distancia horizontal entre apoyos. Además, por su elasticidad, permite cubrir espacios de planta rectangular o trapezoidal de medidas diferentes, de tal forma que los tramos de la nave central pueden corresponderse con los de las naves laterales, aunque sean de superficie distinta, es decir la estructura del tramo puede repetirse de forma seriada adaptándose a los diferentes espacios y creando ámbitos unitarios y diáfanos.

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Figura 3. Arco ojival. Iglesia de Saint-Sauveur de Caen. Fuente: Wikimedia Commons

Elementos arquitectónicos exteriores al edificio

En la arquitectura gótica también se crearon una serie de elementos arquitectónicos exteriores al edificio, destinados a equilibrar la estructura que ya absorbía los empujes horizontales que no podían ser contenidos por los pilares, demasiado altos. Por ello se creó el arbotante, arcos exteriores que transmiten, lejos del pilar de apoyo, los esfuerzos que ejerce la bóveda. Este esfuerzo es transmitido a los botareles o estribos, sólidos pilares exteriores que actúan como un contrafuerte aislado que absorbe el empuje del arbotante y lo descarga definitivamente en el suelo. Para que estos botareles y demás contrafuertes tengan más peso y resistencia, se decoran con pináculos, elementos que reúnen el fin constructivo y el estético. Este sistema de construcción configura el aspecto exterior de las catedrales góticas, repleto de arbotantes, botareles y pináculos, que se complementa con agujas, gárgolas, caireles, cresterías, etc…

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Figura 4. Dibujo de los arbotantes de la Catedral de Amiens. Fuente: Wikimedia Commons

Fachadas y portadas

Al igual que en la arquitectura románica, en el exterior, el edificio gótico revela su estructura interna de tal manera que las grandes fachadas góticas se organizan de forma tripartita, tres cuerpos horizontales que se corresponden con el alzado de la nave central la dividen en altura, y tres secciones verticales, o calles, que se corresponden con la división entre la nave central y las naves laterales que recorren longitudinalmente la catedral.

En las fachadas, el imafronte, cuerpo horizontal inferior, está constituido por las tres portadas, equivalentes a la nave central y las laterales. Sobre él, una galería corre pareja a los triforios interiores. Las dos torres laterales forman parte del cuerpo de la fachada y se rematan con frecuencia con chapiteles que marcan el sentido ascensional del conjunto.

En las puertas y fachadas se plasmará la decoración escultórica que, a través de su iconografía y simbología, explica la concepción teológica del mundo gótico, siendo una imagen de cara al ciudadano, en su mayoría analfabeto y que entendía ese mundo solamente a través de palabras e imágenes.

Las portadas góticas conservan la misma composición y elementos de la portada románica, pero en ella el abocinamiento viene marcado por las múltiples arquivoltas apuntadas. Las finas molduras, las columnillas, las tracerías caladas, los motivos vegetales, les conferirán un marcado aspecto gótico.

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Figura 5. Fachada Este de la Catedral de Notre-Dame de París. 2002. Fuente: Wikimedia Commons

Aplicaciones de las innovaciones técnicas y formales en la catedral de Notre-Dame de París

Tras comentar las innovaciones técnicas surgidas en el arte gótico, se pone un ejemplo: la catedral de Notre-Dame de París. La imagen siguiente muestra la cabecera de la catedral de Notre-Dame de París, construida en la segunda mitad del siglo XII en la isla de la Cité en París. En ella se observa uno de los elementos fundamentales de la arquitectura gótica, los arbotantes, elementos estructurales exteriores, que transmiten sus esfuerzos a los botareles gobernados en su cima por los pináculos. Entre estos elementos estructurales se observan las vidrieras, dispuestas en los huecos del cerramiento realizados mediante arcos ojivales.

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Figura 6. Cabecera de la catedral de Notre-Dame de París. Fuente: Wikimedia Commons

Enmarcada en el inicio del gótico clásico, la catedral de Notre-Dame es el prototipo de catedral gótica, ya que en ella aparece un nuevo elemento para intentar conseguir mayor elevación y apertura de ventanales, el arbotante. El arbotante permitirá dirigir los empujes de las bóvedas hasta los contrafuertes exteriores, los botareles, con lo que se conseguirá la apertura de grandes vanos y una mayor elevación del espacio interior de la catedral. Como consecuencia también permite suprimir la tribuna interior y los vanos pueden ocupar casi todo el espacio del muro.

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Figura 7. Vista general de la catedral de Notre-Dame de París. Vista Sur. 2008. Fuente: Wikimedia Commons

La invención de este nuevo elemento, el arbotante, así como de otros elementos arquitectónicos que surgirían en el gótico,es interpretado de diferentes formas. Según Viollet-le-Duc, responde a la lógica constructiva, siendo los nuevos elementos como el arbotante soluciones constructivas producto de un método constructivo que respondían a una necesidad práctica. Otros autores, como estudiosos alemanes del romanticismo del siglo XIX, ven en el uso del arbotante un recurso para crear una visión simbólica deliberada y no un mero esqueleto estructural, dando una idea de espíritu nacional de los pueblos del Norte frente al clasicismo mediterráneo.

En el siglo XX, otros autores verán otros significados subyacentes, como Erwin Panofsky, que ve una relación directa entre la jerarquía constructiva y la civil, así como entre la nueva construcción y la nueva filosofía escolástica que surge en la Baja Edad Media. Otto von Simson ve la luz como principio constructivo, influencia de la metafísica neoplatónica, que entra en la catedral a través de las enormes vidrieras como las que se ve en la imagen y que es producto del uso de nuevas técnicas constructivos que permite que los muros sean simples cerramientos y no portantes. Finalmente, Georges Duby, autor más reciente, también ve una conexión espiritual y arquitectónica a través de la luz, aunque no descarta otros factores como el crecimiento de la ciudad que da poder a los eclesiásticos urbanos y el marco social francés, en el que los monarcas controlaban la zona de París, por lo que se puede interpretar que la realización de la catedral se puede entender como arquitectura al servicio del poder monárquico y eclesiástico

No obstante, la utilización del arbotante, más allá del estudio de su significado, fue intencionado, ya que aparecía en los planos del proyecto de construcción de la catedral de Notre-Dame. Esta utilización de arbotantes en Notre-Dame abrió una nueva etapa en la arquitectura gótica, permitiendo crear catedrales como la de Chartres (1194-1220), donde se usan arbotantes, se elimina la tribuna sobre las naves laterales y se utiliza bóveda de crucería simple. Si la catedral de Notre-Dame introdujo el empleo de arbotantes, la catedral de Chartres fijará el modelo arquitectónico a partir del cual se desarrollará y difundirá el gótico clásico.

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Figura 8. Vista exterior de la Catedral de Chartres. 2007. Fuente: Wikimedia Commons

Bibliografía básica

Varios autores, Historia del Arte de la Baja Edad Media, Ed. Cera, 2010

Duby, Georges. La época de las catedrales: Arte y sociedad, 980-1420 . Ed. Cátedra.

Duby, Georges. Arte y sociedad en la Edad Media. Ed. Taurus

Duby, Georges. Europa en la Edad Media. Ed. booket

Von Simson, Otto. La catedral gótica: Los orígenes de la arquitectura gótica y el concepto medieval de orden. Alianza Editorial.

Panofski, Erwin. La arquitectura gótica y la escolástica. Ed. Siruela

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Jose Palanca

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  1. aquí 06/04/2014

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