El Príncipe de Maquiavelo

El Príncipe de Maquiavelo es uno de los libros más importantes de la historia de la humanidad. Para cualquier apasionado de la historia de la Edad Moderna es imprescindible leerlo. En esta entrada de La Crisis de la Historia se va a proceder a comentar un fragmento de texto del libro de Maquiavelo: el capítulo XVIII “De cómo deben los príncipes mantener sus palabras”. El texto se incluye al final de la entrada

El Príncipe de Maquiavelo

En el texto a comentar y analizar nos encontramos ante parte un tratado de doctrina política dirigido a una persona en concreto. Es un texto que forma parte del libro El Príncipe y estaba destinado en principio al ámbito privado, con una intención del autor de realizar un obsequio a una persona en particular, en este caso a Lorenzo de Medici, duque de Urbino. El texto que se ofrece es una traducción directa del italiano al castellano y es considerada como fuente primaria debido a la coetaneidad del autor y del escrito.

El autor: Maquiavelo

El autor es el florentino Maquiavelo (1469 – 1527), uno de los más importantes escritores del siglo XVI y del Renacimiento. Vivió durante la época cultural del Renacimiento italiano e inició sus escritos en el periodo republicano de Florencia comprendido entre los años 1494 y 1512, coincidiendo con la expulsión de la familia Médicis de la ciudad.

Diplomático, funcionario, filósofo político y escritor, ocupó cargos relevantes en la república florentina, llegando a ser enviado a diversas cortes europeas como Francia y el Imperio en calidad de diplomático. Asimismo, también vio de primera mano las tensas relaciones internacionales existentes en la península italiana debido a los conflictos y luchas entre estados, lo que influirá en toda su obra.

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Figura 1. Retrato de Maquiavelo, por Santi di Tito. Palazzo Vecchio (Florencia). Fuente: Wikimedia Commons.

Resumen del texto

El texto tiene un lenguaje narrativo, poseyendo un lenguaje en primera persona y denotando en todo momento que se dirige hacia el lector. Este texto es parte de un capítulo de la obra El Príncipe de Maquiavelo, escrita en San Casciano (cerca de Florencia) en el año 1512, que tiene como título “De como deben los príncipes mantener sus palabras”, que refleja fielmente lo que explica el texto. En este capítulo, Maquiavelo explica como debe proceder el príncipe respecto la palabra dada, recomendando que se debe incumplirla si con ello saca un beneficio.

Maquiavelo justifica en el texto el incumplir la palabra dada, alegando que el mantenerla puede acarrearle problemas en el gobierno debido a que los otros hombres también incumplen la palabra. Finalmente, explica como debe proceder el príncipe de cara al pueblo para así mantener y acrecentar su poder.

Análisis del texto

Este texto se vincula a la crisis de los poderes universales a inicios de la Edad Moderna y a las nuevas monarquías autoritarias surgidas durante el Renacimiento. Estas nuevas formas de gobierno se opusieron a la fragmentación del poder político tradicional de la Edad Media. Durante la época donde Maquiavelo escribió El Príncipe, existía una reciente organización estatal en la que el poder se concentra en manos del soberano (el príncipe) y este unifica al mismo tiempo territorios afines por su geografía, cultura o evolución histórica, gestando de esta forma el Estado Moderno.

Este triunfo contribuyó a robustecer el poder de los príncipes a costa de los antiguos poderes dominantes de la Edad Media, por lo que esta nueva unidad política y económica provocó una centralización del poder y un creciente autoritarismo del monarca, lo que exigía en ocasiones el uso de la diplomacia y de la fuerza para conservar el poder. Es lo que llama Maquiavelo en el texto ser un zorro y un león, es decir, utilizar la fuerza militar o la diplomacia según sus propios intereses para mantener el poder. Este poder significaba el progresivo abandono del honor que regía buena parte del ideal caballeresco y feudal de la Edad Media, provocando que la palabra y el honor fuera minando su importancia en pos de un gobierno basado en la astucia, la prudencia y en no respetar las promesas dadas si con ellos conseguías un beneficio.

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Figura 2. El Príncipe de Maquiavelo. Cubierta de edición del año 1550. Fuente: Wikimedia Commons

El príncipe de los estados de inicios de la Edad Moderna procurará centralizar y uniformar la vida del estado mediante órganos de gobierno comunes, la promulgación de leyes generales basadas en el derecho romano y en el fomento de ideales colectivos ayudados por el desarrollo de culturas nacionales autónomas. El príncipe, consciente de la necesidad de trasladar ese creciente poder al pueblo, buscó símbolos que resaltasen la dignidad y la autoridad de su reinado. Para ello intentaría recordar continuamente a los súbditos su autoridad e intentaría impresionar al visitante extranjero por medio del mecenazgo de las artes.

En el texto, Maquiavelo propone al príncipe actuar como una zorra, es decir, con astucia para ganarse el favor de sus súbditos, necesario para mantener su autoridad. Las propuestas realizadas por Maquiavelo en el texto son características de los príncipes de los Estados Modernos, en los que el monarca intentará aparentar ante el pueblo como un hombre humano, íntegro, religioso, aunque no llegue a serlo. En definitiva, aparentar ser un hombre virtuoso de cara a la masa social para que ésta no se subleve y así poder mantener su poder ante el pueblo y ante posibles rivales. Estos posibles rivales serán principalmente la nobleza, heredera de la sociedad feudal de la Edad Media, y el papado, ambos ellos unos poderes universales que entraron en crisis a inicios de la Edad Moderna. La creciente autoridad y autonomía del príncipe minará el poder de las otras fuerzas, por lo que los monarcas necesitaban servirse de astucia y diplomacia para mantener su poder, aun teniendo que recurrir en ocasiones a la fuerza.

Este texto y el libro de Maquiavelo se enmarca dentro del Renacimiento, movimiento cultural que tuvo su raíz en Italia entre la segunda mitad del siglo XV y la primera mitad del siglo XVI y que tuvo como características básicas la vuelta a la cultura grecolatina de la antigüedad y una nueva relación con la naturaleza y el hombre como centro de todas las cosas. De ahí la constante referencias en los textos renacentistas a personajes o hechos de la literatura y la cultura grecolatina. En Maquiavelo se puede comprobar al leer las referencias a Aquiles y a su maestro Quilón, que sirven para que el escritor florentino pueda justificar parte de sus recomendaciones a Lorenzo de Medicis. Por otro lado, el antropocentrismo se manifiesta en el contexto del príncipe por encima del resto de las cosas, incluso por encima de la religión. Maquiavelo refleja que la religión deja paso al hombre cuando recomienda al duque de Urbino aparentar ser un hombre religioso aunque no lo sea, lo que demuestra que Dios ya no ocupa ese lugar preponderante que tenía en la Edad Media.

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Figura 3. Lorenzo II de Medici, duque de Urbino. Retrato realizado por Raphael. Fuente: Wikimedia Commons

Posiblemente, el texto de Maquiavelo tampoco se entendería sin el contexto de la situación política a inicios del siglo XVI en la península italiana. Italia estaba fragmentada en multitud de estados, en los cuales habían diferentes formas de gobierno (repúblicas, monarquías,…). Este hecho condujo a sucesivas guerras entre diversos estados, con multitud de alianzas hechas y rotas, con auge de algunos estados en detrimento de otros y con una serie de rivalidades internas y externas. De ahí que fuera un caldo de cultivo para que se escribiera un tratado político sobre como ha de gobernar un príncipe dentro de esa situación política inestable. En el texto se desprende esa experiencia del autor respecto la política existente en la península italiana, sobretodo a la hora de los pactos que se cumplen y se rompen por parte de los gobernantes, así como por la actuación del papado, que seguía manteniendo sus territorios en el centro de la península.

Conclusión

Como se ha comentado anteriormente, este texto que se puede leer al final de la entrada, fragmento del libro El Príncipe de Maquiavelo, permite conocer parte de la cultura del Renacimiento a inicios del siglo XVI y una de las ideologías políticas que derivaron de él: el maquiavelismo. El texto tiene una relativa importancia debido a que muchos monarcas de la Edad Moderna fueron influenciados por esta obra de Maquiavelo con el fin de acrecentar su autoridad, que evolucionó hacia un absolutismo durante el siglo XVII. Una prueba del interés que suscitó El Príncipe fueron la cantidad de copias y ediciones que se realizaron en los años posteriores a su publicación, signo de que la doctrina política de Maquiavelo tenía su repercusión. Unas críticas que no siempre han sido y son positivas, puesto que se le asignó a Maquiavelo un cierto cinismo que incluso llegó a ser origen del adjetivo maquiavélico (por otra parte, prueba de la influencia del libro).

En resumen, es un texto interesante para conocer parte de la ideología del maquiavelismo y de como pudo influir en los monarcas de la Edad Moderna. Es un texto sencillo de comprender, aunque es interesante tener una base histórica para relacionar lo escrito por Maquiavelo con el contexto político, social y cultural de la época. Al ser el texto una fuente primaria, se observa de primera mano lo escrito por el autor, por lo que no hay fuentes externas que puedan distorsionar las palabras de Maquiavelo. La sinceridad del autor al recomendar ciertos aspectos que hoy se considerarían como políticamente incorrectos ayuda también a razonar acerca del modo de actuar que tuvieron los monarcas de la época e incluso los políticos de la actualidad.

Bibliografía

Floristán, A. (coord). Historia Moderna Universal. Barcelona. Ariel; 2010

Ribot García, L. (coord). Historia del mundo moderno. Madrid. Actas; 2006

Hearder, Harry. Breve historia de Italia. 2009. Ed. Alianza.

Texto. El Príncipe, XVIII. De como deben los príncipes mantener sus palabras.

Cuán loable es que un príncipe mantenga la palabra dada y viva con integridad, y no con astucias, todo el mundo lo entiende. No obstante, vemos por experiencia que, en nuestro tiempo, los príncipes que han sabido incumplir su palabra y embaucar astutamente a los demás han hecho grandes cosas y han superado, finalmente, a los partidarios de la sinceridad.

Debéis asimismo conocer cómo son los dos modos de combatir: con las leyes o con la fuerza. El primero es propio del hombre; el segundo de las bestias. Mas como el primero muchas veces no basta, conviene recurrir al segundo. Por tanto, el príncipe necesita saber luchar como las bestias y como el hombre. Este papel se lo han enseñado, veladamente, los historiadores antiguos a los príncipes cuando cuentan que Aquiles y muchos otros príncipes de la antigüedad fueron entregados al centauro Quirón para que los educase y los sometiese a su disciplina. Y el hecho de tener por preceptor a un ser mitad bestia y mitad hombre no significa sino que un príncipe necesita conocer el uso de ambas naturalezas, y que la una sin la otra no puede perdurar.

Siendo pues necesario usar las cualidades de las bestias, el príncipe debe tomar como ejemplo la zorra y el león; porque el león no se defiende de las trampas y la zorra no se defiende de los lobos: hay que ser zorra para conocer las trampas y león para causar temor a los lobos. Los que actúan siempre como el león no entienden el arte del estado. Por eso un señor prudente no puede, ni debe, observar la palabra dada cuando tal observación se le vuelva en contra por no existir ya las causas que dieron lugar a la promesa. Si los hombres fueran todos buenos, esta norma no sería buena; pero como son malos y no la respetarían contigo, tú tampoco has de respetarla con ellos, pues nunca le faltaron a un príncipe razones legítimas para justificar su inobservancia. De ello se podría dar infinidad de ejemplos actuales y mostrar cuántas paces, cuántas promesas han resultado inútiles y vanas por la infidelidad de los príncipes; y el que ha asumido mejor el papel de la zorra ha salido mejor librado. Mas es necesario camuflar bien esta naturaleza y ser todo un simulador y disimulador: son tan simples los hombres y obedecen de tal manera a las necesidades inmediatas que quien engañe encontrará siempre quien se deje engañar.

De los ejemplos recientes no quiero callarme uno. Alejandro VI nunca hizo ni pensó otra cosa que no fuera engañar a la humanidad…. Sin embargo sus engaños dieron siempre el fruto deseado porque conocía bien esta cara de la realidad.

Un príncipe no ha de reunir todas las cualidades mencionadas, pero debe aparentar tenerlas. Es más, me atrevo a decir que si las tienes y las usas siempre, son dañosas; en cambio, aparentándolas son útiles. Como por ejemplo, parecer piadoso, fiel, humano, íntegro, religioso, y serlo en verdad; mas con la predisposición de ánimo para transformarse, cuando convenga, en todo lo contrario… y nada hay más necesario que aparentar tener esta última cualidad (la religión)… A todos toca ver, “tocar” a pocos toca. Todos ven lo que pareces, pero pocos “tocan” quien eres verdaderamente, y esos pocos no se atreven a oponerse a la opinión de la mayoría.

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Jose Palanca

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